Foals

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En el año 2013, en una noche inusualmente cálida para la época, algo extraordinario sucedió dentro del emblemático Royal Albert Hall en Londres. Cinco músicos subieron al escenario para presentar el tema Inhaler y dejaron a un público anonadado. Para las más de 5000 personas que tuvieron la suerte de concurrir al show esa tarde, la experiencia se pareció más a una epifanía de un encuentro evangelista que a un concierto. Foals despertó un frenesí que se abalanzó sobre el público. Dos horas más tarde, salimos de la sala tambaleando, perdidos en el asombro. Esto era algo más que música. Era como un hechizo. Luego, inevitablemente, apareció el miedo: ¿Podría la banda superarse después de algo de esta magnitud? Mi consejo para los desconfiados es el siguiente: escuchen la primera pista del increíble álbum nuevo de Foals, What Went Down. Escúchenlo donde sea - con auriculares, en el auto, al aire libre, pero no olviden subir el volumen al MÁXIMO. "Enterré mi corazón en un pozo en la tierra" canta Yannis Philippakis, con la voz de un predicador de una iglesia del Sur sobre el sonido escalofriante de un órgano. "Entre las luces y las rosas y los cobardes del centro. Me hicieron una fiesta, pero no vino nadie. Intentaron llamar a mi novia, pero no la encontraron". Este es el momento en el que el ritmo entra en juego, se acelera y le da un gran impulso al tema. Luego, parece que va a decantar, amenaza con arrastrar el tema a la las profundidades más oscuras. Y de pronto, ¡Oh! Aparece el coro. No solo aparece, sino que irrumpe la escena, explota por los aires.  "Cuando miro a un un hombre, veo un león", grita Yannis. "Cuando miro a un hombre, veo a un traidor". Radiante, provocador, enardecedor: esta música tiene la dualidad de ser angelical y diabólica al mismo tiempo. ¿Dudaban de que Foals fuera capaz de igualar la genialidad de su primera presentación? ¿Igualar? La superaron ampliamente. Algunos creen que un tipo de música puede ser mejor que otra. Esto no es así. Una canción genera una conexión con quien la escucha o no. No importa el género. No importa si hablamos de pop, de música country, de deep house o rock and roll, lo importante es sentir una conexión, sentir que nos dice algo especial. A veces, no obstante, algunas bandas dejan de lado esta idea y crean algo que lleva a la música más allá de las cuestiones superficiales, como posicionarse en listas u otras trivialidades. Los discos que realmente trascendieron y marcaron épocas abordaron cuestiones que están a millares de los caprichos aburridos del pop homogenizado. Vida y muerte, soledad, permanencia, vulnerabilidad, intimidad, pasión, ira, humanidad - son solo algunos temas importantes y lamentablemente poco recurrentes en los músicos de hoy en día. What Went Down enfrenta estos temas. La banda grabó el disco junto a James Ford (Arctic Monkeys, Florence + The Machine) en Provenza, el mismo lugar donde hace 127 años internaron al artista Van Gogh en un siquiátrico tras rebanarse la oreja. El álbum refleja un gran crecimiento en cuanto a la composición y producción. Sin embargo, según el líder Yannis Philippakis, fue el más fácil de grabar. "Pasamos dos meses en el estudio de grabación, y eso es poco para lo que estamos acostumbrados. La banda suele sobre pensar las cosas, y a veces terminamos deshaciendo algo que comenzó como una gran idea, ya sea por aburrimiento o por cansancio - o por el deseo de hacer algo mejor. Creo que ya nos hubiésemos aburrido de la banda si no tuviéramos esta flexibilidad. Lo que quiero decir es que no puedo imaginar o predecir cómo sonará el próximo disco, y gracias a Dios. Hay muchas bandas que uno se puede imaginar perfectamente su próximo paso, porque será igual al anterior". Ni bien Foals terminó la gira mundial en la que presentó el álbum Holy Fire con una presentación inolvidable en el Bestival del año pasado, la banda regresó al estudio - esa presión por volver rápidamente a grabar, según Yannis, fue lo que le dio a What Went Down tanta fuerza. "Para cuando llegamos a Bestival, estábamos tocando mejor que nunca. Yo tenía una visión de la banda, me la imaginaba como una bestia de 10 piernas, una máquina despiadada que hacía que todos vibremos en la misma frecuencia. Los cinco nos encontrábamos en un mismo nivel en el que los shows todavía eran osados y eufóricos pero nos sentíamos un animal depredador, diseñado para destruir cualquier lugar. Si nos tomábamos dos meses para descansar y volver a nuestra rutina antes de regresar al estudio, el disco nuevo no hubiese sido el mismo". Varias veces describieron a Yannis como un loco obsesivo, como alguien que no se liberó con la música sino que perdió la cabeza gracias a ella - a tal punto que me hace pensar que prefieren músicos y compositores sin opiniones ni pasiones ¿Eso es lo que realmente quieren? ¿O quieren artistas capaces de dejar la vida por aportar algo a la música, a la creatividad? Yannis es el primero en admitir que su perfil difiere de la típica serenidad que la música debería inducir. Pero él no le da importancia a eso. Él no está utilizando la música ni la escritura para sanar sus heridas (heridas que la mayoría de nosotros también tenemos, para ser honestos). Sino que los utiliza por el simple hecho de experimentarlos. Cuando Yannis compuso la pista de título, estaba atravesando un momento en el que, según sus propias palabras "pensaba mucho en la virilidad, pero también en las formas en las que me comportaba como un animal, primitivo y violento. Aunque al mismo tiempo, el tema deja ver mi lado más vulnerable y creo que eso tiene que ver con que justo me había mudado a Londres. Viví mucho tiempo en Oxford, tenía mi vida entera allí, ya conocía las calles y a mis vecinos y la mudanza me descolocó. En Londres, pensé, 'Soy uno de 10 millones de personas'. La idea de mudarme, de alguna manera, fue un intento de escapar de mí mismo". La decisión de trabajar con James Ford fue bastante sencilla, confiesa Yannis. "Conectamos de manera inmediata. Él no te elogia jamás, es muy inglés en ese aspecto. Recuerdo que durante los primeros días en Francia pensaba '¿Por qué no nos motiva?' Me tomó un tiempo entender que eso era algo positivo para la banda. Por dos razones: nos ayudo a crear un sonido más puro, nada extraño, nada demasiado esponjoso, intentando escapar de las tendencias típicas de la banda y al mismo tiempo, exploró el lado más experimental de la banda, y exprimió nuestras distintas capacidades en todas las direcciones posibles". Albatross, es sin duda, una joya del álbum. La letra es como una puñalada, un verdadero disgusto - es evidente el enojo de Yannis cuando canta letras como "Guardas bajo tu cama miles de huesos rotos/ Un monstruo de ojos verdes al que alimentas con tu vida", al son de un estruendo y un piano que elevan el tema por las nubes. Este tema me da escalofríos, me transporta a los lugares más oscuros de mi ser. También es una letra audaz, atrevida e increíblemente honesta. La música es pasión, fuego y confrontación. Por el contrario, la canción final, A Knife in the Ocean, es como la calma que anticipa la tormenta, pero también la quietud y el silencio una vez que ésta pasó. Es una canción que alude a la naturaleza efímera y fugaz de la vida humana y a nuestros intentos, encantadores aunque ilusos, de desafiar una realidad irrevocable. Comienza con el tañido de campanas tibetanas y la melodía de una simple canción que invoca a una persona suplicando en sus rezos. "Cuando llegue mi final", canta Yannis, "el fuego me rodeará pero yo estaré a salvo". Yannis compara al narrador con "un joven que dice 'Me estoy yendo, me enfrentaré con algo peligroso, y puede ser que ya no regrese'. En un sentido, es una especia de apocalipsis personal, habla de pasar al olvido, de enfrentar la naturaleza cíclica de la vida y reflexiona acerca de la importancia de ser más conscientes de nuestra debilidad, y cómo al mismo tiempo, somos individuos confiados y optimistas. Pero también habla de lo que provoca mirar a nuestro alrededor, observar una ciudad como Londres y pensar '¿Cómo puede dejar de existir todo esto? ¿Algo así de imponente? ¿Esto es el resultado del esfuerzo humano?`. Una vez más, parece inevitable preguntarnos: ¿queremos una música que se aleje de la complejidad de la vida, de las cargas que todos y cada uno de nosotros lleva? ¿Qué no tenga en cuenta el miedo que todos tenemos? ¿Música que no le de importancia al éxtasis de amor que de alguna manera coexiste con ese miedo? ¿O acaso preferimos que la música confronte todas estas cuestiones? Tras el lanzamiento de su cuarto álbum, Foals sigue caminando en dirección a la tormenta. No tiene otra alternativa, según Yannis. "Decidí que esta vez, todo lo que quiero decir, lo voy a decir en las canciones; y en cuanto al sonido, mantendremos el mismo enfoque. Esta vez no hay filtros. Es comunicación libre, sin restricciones, que muestra la versión más transparente todos. Anteriormente, siempre hubo diferencias entre la imaginación, el romance y la fantasía de lo que queríamos hacer y lo que realmente hacíamos, y esa diferencia fue muy difícil de afrontar. Pero en este álbum, estamos más cerca que nunca en cuanto a la idea que tenemos en mente. Finalmente, me siento más cómodo conmigo mismo; que las cosas se hayan alineado de esta manera, en cuanto al a creatividad. Siento que estoy más cerca que nunca de mi objetivo. Algo que nos enorgullece profundamente, y que realmente disfrutamos, es que después de tantos altibajos, llegamos a estar donde estamos, no nos sentimos atados a ninguna idea de lo que tenemos que hacer. Nos sentimos empoderados para hacer cualquier cosa". Mis anotaciones sobre What Went Down cuando por primera vez oí el álbum, parecen escritas casi en forma de psicografía mecánica, un garabato que me deja boquiabierto cuando lo leo. En todas las páginas se repiten las mismas palabras, siempre en mayúscula: ¡¡TEMÓN!! ¡¡¡VIVO!!! Haría cualquier cosa por volver a ver la banda en vivo tocar nuevos temas como Night Swimmers ("CalIpso!" "Tom Tom Club" "TEMAZO!"), London Thunder ("Un himno, elemental" "¡QUÉ melodía!" "VIVO!!"), Give It All ("Maestros del staccato" "Increíble retorno del batero") y Birch Tree ("Éxtasis total" "Vibras veraniegas, descapotable en la Costa Oeste" "voz inimitable, aplausos"). Sentir la fuerza bruta de la pista de título ("Se val CARAJO"), fue como un baldazo de agua fría. Tener la posibilidad de ver a una de las mejores bandas en todo el maldito universo abalanzar sobre el público un frenesí imparable. No queda lugar a dudas, What Went Down es más que música. What Went Down es un hechizo.